Familias que aprenden y disfrutan en la Naturaleza

PequeARBA es una sección de ARBA (Asociación para la Recuperación del Bosque Autóctono) cuyo objetivo es divulgar la importancia de los bosques a través de actividades educativas en familia. Fundamentalmente realizamos salidas desde Madrid a los diferentes paisajes forestales donde grandes y pequeños aprenden a reconocer las diferentes especies de árboles, sus adaptaciones al medio, los usos tradicionales y la importancia de conservarlos, disfrutando de una experiencia compartida en plena Naturaleza. En principio, las excursiones son mensuales y la asistencia es gratuita.

Puedes colaborar preparando tú mismo una ruta, participando en otras actividades de ARBA o haciéndote socio.

Más información en www.arba-s.org o contactando con nosotros en pequearba@gmail.com

domingo, 26 de febrero de 2012

El Valle Secreto. 18/02/2012




La  jornada se presentó soleada y bastante suave, después de semanas de frío siberiano. Comenzamos la ruta sobre las 11:00 horas desde el cementerio de la madrileña localidad de El Molar, avanzando por la antigua carretera de Francia, uno de los caminos carreteros reales que Carlos III construyó para comunicar las distintas regiones de un centralizado país con la capital del reino.
Desde la Atalaya de El Molar (880 m.) erigida sobre la dorsal caliza que viene de Torrelaguna y una de las torres vigías que levantaron los árabes en el siglo IX en la comarca, las vistas son impresionantes. Hacia el sur, las llanuras de las campiñas del Jarama, contrastan con la rampa o piedemonte que hacia el norte se extiende por colinas y vallejos hacia las cumbres del Guadarrama. El monte mediterráneo domina un paisaje con vocación ganadera. Las dehesas de encinas y enebros de la miera, forman un ecosistema muy productivo, alegrándonos la vista mientras avanzamos entre jaguarzos, alhucemas y coscojas.

            Llegamos a la almenara que recoge las aguas del Canal Bajo de Isabel II y las lanza por tuberías hacia el sifón del Guadalix, formando un conjunto que nos hace comprender la importancia del agua y su adecuada utilización. Entre caminos de servicio y atajos, nos situamos a las puertas del Valle Secreto, un espacio bien conservado con un encanto especial.

Ahora nuestro recorrido se realiza sobre el canal de El Mesto adentrándonos en el angosto valle, donde el encinar se aprieta y los suelos ácidos de gneises y micacitas hacen crecer jaras pringosas, cantuesos y mejoranas.
En el fondo del valle destacan las ramas altas y desnudas de alisos y sauces, que sueñan al sol con la próxima primavera. El agua corre cantarina entre rocas, y nos recuerda el nombre árabe del río: Guadalix = río de piedras.


Llegamos al final del canal, o mejor al principio, donde se sitúa el discreto azud de El Mesto. Cuando hace 160 años la ciudad de Madrid comenzaba a disfrutar del agua  serrana que transportaba el canal de Isabel II desde la presa del Pontón de La Oliva, cerca de Patones,  surgieron problemas. Comprobaron que el agua se filtraba por los terrenos calcáreos del Pontón y en 1856 tuvieron que construir a destajo con presos durante siete años el canal de El Mesto, obra  de emergencia que captaba el agua del río Guadalix y así compensaba el caudal perdido.


Hicimos una merecida pausa a la orilla del río para comer y descansar bajo los tibios rayos del sol de invierno. Una última parada en el azud del Mesto, hoy en desuso, antes de emprender el regreso por una pista hasta el cementerio de El Molar, donde llegamos sobre las 17:45 horas.
Los niños se lo pasaron fenomenal. Se convirtieron durante la excursión en enebros, jaguarzos, lavandas, retamas, coscojas, aladiernos, cornicabras…. Y también fueron exploradores en busca de tesoros ocultos. Todos aprendimos muchas cosas. Y aprendimos, además, a valorar nuestros bosques y el deber de conservarlos.

Asistimos 32 personas, de las cuales 19 fueron adultos, 11 niños y 2 bebés.

Espero que os gustara la excursión y ya sabéis que podéis hacer vuestros comentarios en el enlace de más abajo.

 Fernando Ávila